lunes, 29 de enero de 2007

Extraños okupas

"Vuelvo a casa después de un viaje de pocos días. Es una casa (no un piso) con muchas habitaciones y de arquitectura moderna en los afueras de la ciudad, en lo alto de una colina. Nada más entrar me doy cuenta de que algo va mal: han desaparecido todos los muebles y las paredes estan pintadas...de blanco.

Recorro habitación tras habitación pero en todas lo mismo: vacío y blanco impoluto en las paredes. Finalmente encuentro la habitación que los intrusos parecen haber utilizado como almacén. Todo esta allí: muebles, herramientas, lámparas, etc... Lo más sorprendente es que todo está perfectamente ordenado en estanterías.

Es entonces cuando me acuerdo que había alquilado la casa durante mi ausencia. Así que salgo escopeteado a pedir explicaciones a quien corresponda dármelas (que aún no lo tengo muy claro). Bajo por la colina pero poco a poco me voy metiendo en un lodazal. Finalmente llego a un puente de madera sobre el río. Estoy hecho una pena: ¿quién se va a creer que con ésta pinta tengo una casa en la colina?"

A mí me da que el sueño de hoy tiene algún tipo de interpretación no directa. Me pregunto que diría Jung a todo esto.

jueves, 25 de enero de 2007

Napoleón vs La Lechera






















Otro trabajo que realicé el pasado semestre que me pareció apasionante. Altamente recomendables las lecturas 1 y 2 de la bibliografía para todo aquél que quiera introducirse en la pintura y la fotografía.

Aunque a primera vista nos encontremos ante dos retratos, rápidamente nos damos cuenta que este es prácticamente el único aspecto que tienen en común ambos cuadros. No comparten ni el objetivo con el que fueron concebidos, ni el tipo de historia que cuentan, ni mucho menos el grado de realismo. Pero vayamos paso a paso.

El hecho histórico que cuenta la pintura de Jacques Louis David es la travesía de Napoleón por los Alpes en la campaña de Italia (1796 - 1797), que supuso uno de sus primeros grandes triunfos militares y que quiso inmortalizar años más tarde en esta obra, siendo ya la figura más importante de Francia (Primer Cónsul).

Por lo que respecta al objetivo, el Napoleón de David es marcadamente propagandístico, de exaltación de la figura retratada en medio de unos hechos que, aunque se produjeron en realidad, son la excusa para presentar a un Napoleón exultante. La finalidad es inspirar al espectador unos sentimientos adecuados y para tal ejercicio de idealización, el pintor hace uso de todos los elementos posibles, empezando por una serie de símbolos de poder, a saber:

  • El caballo. Usado desde las esculturas ecuestres romanas, representa el poder del gobierno. En este caso, además, se trata de un caballo blanco, lo que confiere a Napoleón una aureola de santidad (en comparación con Santiago) en un momento histórico en el que precisamente el orden religioso se encuentra en duda tras la Revolución Francesa. El semblante de serenidad de Napoleón (que además mira directamente al espectador de forma premeditada) contrasta con la agitación del caballo, hecho que aumenta la sensación de control y poder.
  • El atuendo. Napoleón se encuentra en plena travesía con el uniforme y sombrero de gala, ricamente adornado y con una elegante capa, como los grandes reyes. David quiso representar a Napoleón con la espada en la mano pero este se opuso al decir que “no es con la espada como se ganan las batallas” así que lo solucionó pintando la mano derecha desnuda del guante, alzada y señalando al frente en clara señal de victoria.
  • El fondo. La imagen principal se encuentra ante un fondo que también nos da muchas pistas. En primer plano podemos ver las inscripciones en piedra de los nombre de Aníbal (“Hannibal”), que, como él, también cruzo los Alpes, y Alejandro Magno (“Karolus Magnus”) cuya intención es precisamente dotar de más fuerza la imagen de gran conquistador. Además, la imagen se recorta ante un cielo nublado, casi tormentoso, que contribuye a la sensación de heroicismo de la escena. También podemos observar en el fondo soldados franceses, lo que nos hace ver en Napoleón la valentía de un comandante capaz de luchar junto a sus soldados.

Incluso elementos como la luz (que incide directamente en la figura retratada como un foco en una escena teatral), el espacio (el espacio representado es amplio pero la sensación es recargada) o la disposición del cuadro (escena centrada formando una diagonal en contraste con las líneas del marco) están pensados para favorecer la imagen del gran corso y guiar la mirada del espectador a su figura. Todo ello, sin embargo, a expensas de una gran pérdida de realismo ya que el resultado no es para nada natural. El cuadro emana una artificiosidad que por otro lado, poco parece importar al autor o al retratado, que es quien encargó la pintura. Pintar a Napoleón montado en una mula, que es como realmente cruzó los Alpes, no hubiera tenido tanto “glamour”…

La Lechera
de Veermer, en cambio, se nos muestra como una auténtica antítesis al Napoleón de Jacques Louis David comenzando por el propio hecho narrado, tan insignificante como una mujer vertiendo leche. Se trata de un retrato costumbrista, habitual en las pinturas holandesas del siglo XVII cuyo objetivo, al menos a primera vista, es trasladar un testimonio real sobre las tareas más cotidianas.

Para ello, el autor hace gala de un realismo sublime, prácticamente fotográfico. Probablemente incluso utilizó una cámara oscura, antecedente a las primeras máquinas fotográficas para lograr captar la sensación de profundidad. A diferencia del Napoleón, en este retrato la figura retratada no mira directamente al espectador del cuadro, sino que sigue inmersa en su tarea, cosa que aumenta la sensación de imagen “robada”, de instantánea.

Como imagen costumbrista que es, nos sirve para hacernos una idea (siempre con ciertas precauciones) del estilo de vida de algunas clases sociales del momento. La intención es documentar, realizar un inventario de objetos y vestidos de una época. Podemos observar en el tipo de ropa, de objetos y de estancia, la forma de vida de las clases humildes, aunque no pobres. También podemos deducir que ciertas tareas domésticas estaban reservadas para la mujer. Podemos deducir, por el objeto de cuadro como éste, que ya no interesaban tanto las representaciones religiosas a una sociedad protestante que abogaba por interpretar la Historia Sagrada directamente de las Escrituras.

Otra diferencia que llama la atención respecto a Napoleón es el uso del espacio. El espacio representado es mucho más pequeño que en el primer cuadro (una habitación frente a un espacio abierto en la montaña). Sin embargo, la sensación de espaciosidad es mucho mayor, debido principalmente a que la figura principal ocupa menos superficie en el cuadro y se recorta sobre una pared clara. Aquí lo importante es la escena, no la persona retratada.

Otro elemento al servicio de esta intención es la luz, tratado en este cuadro de forma magistral. La luz en la pintura de Veermer es casi palpable, procedente de la ventana situada a la izquierda, aunque no de forma directa, sino más bien como si rebotara de algún otro sitio, creando zonas de luz y sombras en la estancia. Se trata de una luz extraordinariamente natural, en contraste con la del Napoleón. Obviamente la lechera se encuentra en una zona iluminada, pero más bien porque necesita la luz para la tarea que realiza de forma tan meticulosa y calmada. Parece, por tanto, que haya sido ella quien se haya puesto ahí en lugar de ser el pintor quien deliberadamente haya escogido el lugar.

Así pues, la diferencias son muchas entre estos dos cuadros: uno da un testimonio deformante de la realidad de un hecho histórico mientras que el otro muestra un acto insignificante de forma extraordinariamente creíble. Ambos, sin embargo nos dan muchas pistas sobre la mentalidad de la época en que fueron pintados, ya sea en la propia artificiosidad del primero o de forma más directa en el segundo.

Bibliografía

  1. Susan Woodford Cómo mirar un cuadro (Gustavo Gili, 1996)
  2. Burke, Peter Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico (Editorial Crítica, 2001)
  3. Nueva Historia Universal, volúmenes 4 y 5 (Editorial Marín, 1969)
  4. Veermer en www.wikipedia.org

martes, 23 de enero de 2007

Un encargo inspirador

"Un buen amigo (omito nombre) me pide el diseño de la portada de su próximo disco en solitario. Rápidamente creo captar el concepto y barajo dos posibilidades: una es un paisaje marino al óleo con apariencia infantil, como dibujado por un crío; la otra es una fotografía de unas botas viejas.

Todo esto me despierta el gusanillo de hacer mi propio disco para el que ya tengo algunas canciones."

Supongo que tarde o temprano tendré que hacerle caso al inconsciente, aunque me parece que de momento tengo menos canciones que las que tenía en el sueño. Tengo que acabar de perderle el respeto a escribir letras.

lunes, 22 de enero de 2007

V

"Formo parte de la resistencia contra los lagartos. Huyo a través de las montañas porque no me depara nada bueno si me atrapan. De repente veo una pequeña cavidad al lado del camino, como una cueva diminuta. Me meto allí con la esperanza de que mis perseguidores pasen de largo. Pero hay alguien más. Alguien en la misma situación que yo, un fugitivo que se mosquea porque cree que le estoy boicoteando el escondite. Hay espacio para los dos pero no lo quiere compartir. Los lagartos nos oyen y uno de ellos entra. Inmediatamente empezamos a lincharlo pero no parece inmutarse."


"Veo un tiovivo en miniatura. Los caballitos giran y uno de ellos lleva pegada una fotografía de Mike Donovan."

Hoy hay dos sueños porque me he despertado varias veces. Alguno se me ha olvidado. La verdad es que me han parecido tan absurdos que he estado tentado de no escribirlos en el blog. Obviamente de pequeño fui un fan de "V" pero no entiendo como pueden volver esas cosas a la mente. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿20 años? Mal iría si me propongo hacer un diario de sueños y los que me parecen absurdos no los pongo...

viernes, 19 de enero de 2007

Soy lo que como. Como lo que veo.

En ocasiones la televisión resulta paradójica. Esto no es ninguna novedad. Y a menudo una paradoja conduce a algún tipo de reflexión. Hoy he estado viendo el programa "Soy lo que como" de Cuatro, un programa con una estructura similiar a "Super Nanny" en el que el supuesto objetivo es cambiar los hábitos alimenticios de alguien lo suficientemente desesperado como para llamar a un programa de televisión y dejarse introducir cámaras en su casa para que la audiencia pueda contemplar sus comportamientos bulímicos.

Al programa hay que reconocerle algunos méritos: intentar acabar con algunos mitos (como el de "beber agua mientras se come engorda" o "saltarse algunas comidas adelgaza") o incidir en lo saludable de comer frutas y verduras. Además el tono general es respetuoso y el montaje es muy decente desde el punto de vista televisivo.

Sin embargo, creo que su atractivo principal no es tanto su componente didáctica (que sin duda la tiene) como su morbosidad. Con esto quiero decir que el espectador no disfruta tanto por aprender a comer correctamente como por ver lo mal que lo hacen "los demás". En la primera fase del programa se estudian los hábitos de la persona en cuestión hasta el punto de ponerle cámaras en la nevera o preguntarle acerca de sus procederes con el desayuno mientras se zampa un bocadillo de panceta y una cocacola. Además un supuesto programa informático realiza un morphing para que la víctima vea cuál será su cara en el futuro si sigue comiendo como lo hacía y como sería si se pone las pilas. Por supuesto, el programa informático nos presenta la versión "gorda" mal peinada, con el pelo grasiento y sin maquillar mientras que la versión "saludable" aparece con corte de pelo incluído (y limpio) y acabada de salir del esteticista. En el primer programa una madre rompía a llorar ante la imagen de su hija hecha un auténtico monstruo. Una ligera concesión al sensacionalismo que, visto lo que corre por las parrillas de otras televisiones a la misma hora, suena a minucia.

Pero lo que más me ha llamado la atención del programa ha sido algo que paradójicamente no forma parte de él. Me refiero a los anuncios. En el bloque central de anuncios (de aproximadamente 15 minutos) abundan, como no podría ser de otra manera, los anunciantes de productos comestibles. Dada la naturaleza del programa, éste se convierte en una plataforma perfecta para que los anunciantes puedan asociar su marca a unos buenos hábitos alimenticios. Algunos anuncios que recuerdo:
  • Kit Kat
  • Piccolinni de Buitoni (mini pizzas congeladas)
  • Lasagna congelada La Cocinera
  • Galletas El Príncipe
  • Chocolates Nestlé
  • Filetes de Atún en salsa Isabel (precocinado)
Vamos, que con los productos anunciados podemos confeccionarnos una dieta sana y equilibrada... Pero ahí está la reflexión que yo me hago: la publicidad paga la televisión que vemos. A pesar de las buenas intenciones del programa su mensaje positivo queda un poco diluido si uno se resiste a hacer zapping en los anuncios. La publicidad actúa en este caso como un parásito que se apropia unos valores que no tiene para transferirlos a sus productos. Si al final una parte del carrito de la compra es siempre compulsiva, por lo menos que no nos sintamos culpables. ¿No?

Somos lo que comemos. Comemos lo que vemos en la tele.

¿Escribo yo la última frase?

Vale. Somos lo que vemos en la tele.

miércoles, 17 de enero de 2007

TDT: ¿y eso que es lo que es?

Parece que al Gobierno se le está acabando la paciencia y empieza a inquietarse por la lenta implantación de la TDT. Así lo ha manifestado esta semana y así lo han reflejado algunos medios:

http://www.20minutos.es/noticia/191595/0/tdt/television/digital/

Si ya lo venía diciendo un humilde servidor: "para que la gente se rasque el bolsillo hay que darle algo más que refritos". En realidad es un poco más complejo y así lo reflejé en otro artículo hace algunos meses (puede que algunos datos hayan quedado obsoletos por el tiempo que ha pasado):

Sobre la TDT

Sota el meu punt de vista, el desplegament de la TDT s’ha d’enfocar des d’una doble vessant: la implantació tecnològica i la social. Ambdues estan estretament relacionades però com explicaré més endavant hi ha alguns factors que han influït en el fet que la implantació en la societat s’estigui produint a una velocitat molt més lenta del què es podia preveure.

Des del punt de vista tecnològic, la TDT és un fet a dia d’avui. Sense intenció en entrar massa en detalls tècnics, faré esment del avantatges que comporta (i les raons) respecte l’analògica. La TDT fa servir el mateix canal de transmissió que l’analògica (difusió radioelèctrica) amb la diferència que les dades que es transmeten són digitals. Uns i zeros. (...). Ja tenim la primera avantatge: millor qualitat d’imatge i so. Per altra banda (segona avantatge), al poder comprimir les dades es poden emetre més canals (un canal analògic ocupa el que ocupen quatre digitals). La tercera i potser més important és que com el que es transmeten són dades, es poden transmetre altres coses que no tenen per què ser àudio i vídeo. Podem transmetre subtítols, teletext o “software”. I amb això neix el concepte d’interactivitat.

La interactivitat consisteix en emetre aplicacions interactives juntament amb la programació tradicional. En diem “interactivitat” perquè l’usuari ja no tan sols es dedica a canviar de canal, sinó que a més pot “interactuar” amb la tele. (...). Ara la comunicació ja pot ser bidireccional.

La interactivitat també és un fet. Els canals de RTVE, CCRTV, Antena3, Sogecable i BTV ja emeten aplicacions interactives juntament amb la seva programació. Aquestes aplicacions es realitzen mitjançant l’estandard MHP del consorci europeu DVB (ojo perquè si un descodificador no porta l’enganxina amb el logo MHP no és interactiu!!). Les possibilitats que ofereix la interactivitat són infinites, i amb la introducció dels PVRs (descodificadors de televisió amb disc dur) els models de negoci s’han de revisar.

La TDT és una tecnologia de substitució que ha de conviure amb la televisió analògica durant el període d’adaptació dels equips. Per tant, les emissions es situen en freqüències on no interfereixen amb la tele analògica i per poder rebre-les és imprescindible, en la majoria dels casos, incorporar amplificadors a les antenes per tal de rebre la senyal correctament.

En definitiva, i per acabar amb el tema tècnic, el què es necessita per gaudir de la TDT avui dia és: adaptar l’antena i comprar un descodificador. Estem parlant d’un cost al voltant dels 150€.

La pregunta és: si tecnològicament la TDT és viable, presenta atractives avantatges, és gratuïta i el cost en aparells per gaudir-ne no és excessivament elevat: per què la seva implantació social és tan lenta?

Doncs perquè el mercat no està preparat.

El cost econòmic de tota nova implantació és enorme. La digitalització, el transport de senyal, el repetidors, torres, equips, etc.... Les emissores no poden fer front a aquest cost i només un monstre empresarial com Abertis ofereix actualment el servei de transport de senyal. És a dir cobra les emissores per difondre la seva senyal. La TDT a més és una tecnologia que comença des de zero i les emissores no volen gastar diners en unes emissions que no tenen gairebé audiència amb lo qual els continguts estan basats principalment en “refregits” i redifusions. En definitiva, no es produeix contingut específic per la TDT.

El fet de no trobar una programació especialment motivadora tira enrere al públic, que tampoc hi veu un gran incentiu en el major nombre de canals o en la interactivitat (de la qual en molts casos desconeixen l’existència). La falta d’audiència alhora fa que els anunciants no tinguin cap interès en invertir en publicitat en els nous canals i les emissores per la seva banda, no inverteixen en programació novedosa al no tenir ingressos publicitaris. Tot plegat és un peix que es mossega la cua.

Els fabricants de receptors per la seva banda, veuen que no hi ha gaire mercat i retarden la distribució de descodificadors. Per incentivar la compra han optat per llençar al mercat els anomenats "zappers" que son receptors de televisió digital, però sense la capa MHP que permet la interactivitat. Òbviament aquests receptors són més barats (n’hi ha per 60€) i se’n troben a tot arreu, però limiten les pròpies possibilitats de la televisió digital i l’usuari es queda sense l’experiència interactiva.

[...]

Òbviament la Generalitat imposa unes condicions sobre els continguts per optar a les llicències que són, entre d’altres: oferir uns continguts realment locals i evitar emissions estatals en cadena, que els continguts respectin certes llibertats i sensibilitats (acabar am la tele local de porno i tarot), etc... Però tot procés d’adjudicació provoca controvèrsies com en el cas de Madrid, on s’acusa al govern d’Esperanza Aguirre de donar llicència només a empreses properes al Partit Popular.

I més o menys així està la cosa!

lunes, 15 de enero de 2007

Una jam poco legal

"Estoy en un teatro donde se celebra una jam session y, en otra sala aparte, hay una mesa de póker. Varios amigos (omito nombres) juegan entre ellos apostando muy alto. Yo no participo en la partida, soy un simple espectador, pero intuyo que la cosa no puede acabar bien. A nadie le gusta perder y alguien se quedará pelado. Así que decido que es mejor no verlo y me voy a la jam, me subo al escenario, pillo un bajo y tocamos algunos temas.

Toco con un Jazz Bass rojo con el golpeador negro que tiene muy buena pinta. Pero a la segunda canción el público y los compañeros de escenario huyen despavoridos como si hubiera una redada de la policía. Quizá sí se trate de una redada: lo del póker no parecía muy legal y de repente sospecho que el bajo que llevo colgado, y el resto de instrumentos, son robados."

Esta noche no he dormido demasiado bien (he pasado calor) así que el sueño ha sido un poco angustioso.