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lunes, 5 de mayo de 2008

El curioso incidente del perro a medianoche



¿Cómo es la vida de alguien que no reconoce los estados emocionales de las personas, ni entiende el significado de las metáforas,que está obsesionado con las matemáticas y que tiene fobia a los colores amarillo y marrón?

Este es un tipo de autismo conocido como trastorno de Asperger, el que sufre Cristopher, (o el que sufre el protagonista de "Rainman" interpretado por Dustin Hoffman) protagonista de esta pequeña gran historia de Mark Haddon. Si al trastorno de Cristopher le sumamos su afición a los libros de Sherlock Holmes y la circunstancia de la muerte del perro de la vecina, el arranque está servido.

Especialmente interesante es la visión absolutamente racional que tiene Cristopher sobre algunos temas de trascendencia para la gente "común" (Dios, las relaciones familiares, las supersticiones, ...) y sobre temas triviales. Con su pensamiento lógico y encorsetado a ratos Cristopher nos demuestra que los raros somos el resto.

"La gente cree en Dios porque el mundo es muy complicado."

domingo, 6 de abril de 2008

Che

Acercarse a la figura de un personaje histórico controvertido a través de una biografía siempre es arriesgado. Más aún si se trata de alguien como Ernesto "Che" Guevara, una figura mitificada, poperizada y posterizada hasta la saciedad. Llega un punto en el cual el proceso de "mitificación pop" hace que sea difícil diferenciar entre el Che Guevara y Camarón de la Isla: ambos se convierten en una pegatina en la parte posterior del coche o en el estampado en el bolso de un adolescente.

En fin, a lo que iba: la biografía. Cuando se trata de un personaje con tanta carga política e ideológica uno puede temer que el autor intente lavar la imagen de su biografiado o arrastrarla por el barro, en función de su propio interés. Sin embargo Pacho O'Donell a logrado una obra, a mi juicio completísima, donde el lector puede acercarse a la figura del Che sin tener la sensación de que le estén vendiendo la moto.

El libro está organizado en cinco grandes bloques:
  • De Rosario a México D.F.: Describe su infancia, juventud, viajes e inicios en la implicación política.
  • Sierra Maestra: Campaña guerrillera en Cuba, dónde se convierte en una figura de renombre internacional.
  • Alfombras rojas: Sus años como Ministro de Indústria y Presidente del Banco de Cuba
  • Kigoma: Campaña guerrillera en el Congo.
  • Ñancahuazú: Campaña guerrillera en Bolivia y muerte.
El libro, aunque extenso (más de 500 páginas) resulta muy ameno, dividido en capítulos cortos. Recomendado para aquellos que deseen poder hablar con propiedad de una figura de importancia capital cuya sombra se alarga sin duda alguna hasta nuestros días.

lunes, 21 de enero de 2008

El miedo a la libertad

Una de las asignaturas con las que más he disfrutado este semestre ha sido Psicología de la Comunicación, sobretodo gracias a los temas que hemos tocado acerca de la psicología social. Cómo la sociedad influye en nuestro pensamiento, voluntad y emociones es algo que normalmente nos pasa desapercibido y estudiar esos mecanismos me ha resultado apasionante.

Una vez acabada la asignatura me enfrasqué en la lectura de “El miedo a la libertad” de Erich Fromm. A pesar de haber sido escrito en un contexto muy peculiar (en pleno auge de los fascismos) y que, por tanto, ya tenga unos añitos, pueden encontrarse en él unas cuantas verdades de carácter universal.

La síntesis del ensayo vendría a ser la siguiente: la historia del hombre, su evolución, ha sido siempre la de la consecución de mayores cotas de libertad. Poco a poco se ha ido desprendiendo de los antiguos vínculos que lo ataban. La ruptura de estos vínculos le ha proporcionado una libertad pero a su vez también una falta seguridad que precisamente ofrecían estos vínculos. La libertad produce en el hombre moderno una sensación de insignificancia, inseguridad y soledad ante el mundo que lo rodea que se traduce en una sensación de ansiedad y angustia.

Tristemente y muy a menudo, con tal de superar esta angustia el hombre cede voluntariamente su libertad. Necesita crear nuevos vínculos para poder depositar en ellos aquello que le causa un problema. Esta cesión de libertad se manifiesta de distintos modos, pero desde el punto de vista social son especialmente interesantes el carácter autoritario (fundamentado en tendencias sádicas y masoquistas de dominación y sumisión) y el carácter conformista mediante el cual asumimos como propios pensamientos, emociones y voluntades exteriores.

Frente a esta libertad negativa el autor propone una libertad positiva en la cual el hombre es dueño de su propia voluntad y pensamiento, sin someterse a ninguna autoridad superior a él mismo. Este concepto no está reñido con un orden social, siempre y cuando este se fundamente en el principio de libertad positiva.


Una lectura muy interesante. Transcribo algunos fragmentos que fui subrayando (de modo un tanto arbitraria porque no siempre tenía lápiz a mano o ganas):

"La imperiosa necesidad de autoconservación lo obliga (al hombre) a aceptar las condiciones en las cuales debe vivir. (...) Su personalidad es moldeada esencialmente por obra del tipo de existencia especial que le ha tocado en suerte."

"La religión y el nacionalismo (...) son refugios contra el aislamiento."

En relación a las sociedades occidentales modernas: "La relación concreta de un individuo con otro ha perdido su carácter directo y humano, asumiendo un espíritu de instrumentalidad y de manipulación. En todas las relaciones sociales y personales la norma está dada por las leyes del mercado. (...) El hombre no solamente vende mercancías, sino que también se vende a sí mismo y se considera como una mercancía."

"Las principales formas colectivas de evasión (de la libertad) en nuestra época están representadas por la sumisión a un líder, tal como ocurrió en los países fascistas, y el conformismo compulsivo automático que prevalece en nuestra democracia."

Para acabar y no alargar(tengo subrayado más de lo que pensaba), un fragmento en el que parece anticipar la actitud de "guerra preventiva" de los Estados Unidos tras el 11S:

"El tipo más agresivo de impulso sádico halla su más frecuente racionalización en estas dos formas: 'He sido herido por los demás, y mi deseo de castigarlos yo a mi vez no es sino un desquite'; o bien: "Al golpear yo primero me estoy simplemente defendiendo a mí mismo, o a mis amigos, contra el peligro de un ataque".

lunes, 18 de junio de 2007

Fidel Castro y Compañía, S.A.

La casualidad ha querido que en la misma estantería de casa convivieran este libro y dos pasajes con destino a Santiago de Cuba el próximo mes. Así que me pareció muy buena idea irme adelantando al viaje con el legado del primer presidente de la Revolución Cubana, Manuel Urrutia.

El autor
Manuel Urrutia fue un respetado juez que, en plena época de Batista, emitió un voto particular absolviendo a los revolucionarios del Granma en el juicio que finalmente llevaría a Castro a la cárcel por el intento frustrado de derrocar al dictador. El motivo del juez fue que todo pueblo tiene derecho a la resistencia , incluso armada, ante un régimen opresor. Este derecho estaba expresado en la constitución cubana de 1940.

Tras el éxito de la segunda tentativa, los revolucionarios pensaron en él como presidente provisional de Cuba, en el tránsito hacia la democracia. Sin embargo Urrutia era (según sus palabras) un demócrata militante, crítico con cualquier tipo de dictadura, incluidas las socialistas (entiéndase comunistas). Pronto se reveló que ese "tránsito a la democracia" era en realidad un tránsito al comunismo, con lo que se convirtió en una figura incómoda y finalmente fue acusado de "actos cercanos a la traición" y vivió exiliado en Estados Unidos hasta el final de sus días.

La obra

El libro, escrito en el exilio el 1963, consta de tres partes. En la primera desgrana su discrepancia con Fidel Castro al que critica duramente no por revolucionario, sino por comunista: por silenciar a la prensa disidente, los sindicatos y los profesionales liberales y, sobretodo, por faltar a los principios de la Revolución que el propio Castro dirigió por radio desde el cuartel de la Sierra Maestra. Explica los motivos que le llevaron a aceptar el cargo que le fue propuesto (su acuerdo con los principios de la Revolución y la necesidad de derribar la dictadura de Batista) y los motivos que le llevaron a renunciar al cargo.

En la segunda parte hace una interesantísima crítica al sistema comunista. Rechaza las ideas de Marx, Lenin, Trotsky y discursos de Kruschev de la época con los propios argumentos del socialismo (de nuevo no confundir con el socialismo de hoy día). Para él el comunismo es socialmente utópico, económicamente improductivo y no logra acabar con las clases sociales, sino que substituye la clase burguesa por una nueva clase de burócratas. Por no lograr, no logra ni acabar con el sistema capitalista, ya que en los países denominados comunistas ha acabado por implantarse un tipo de capitalismo en el que la única empresa es el Estado (de ahí lo de Fidel Castro y Compañía, S.A.), que ejerce a la vez de único vendedor, único empleador y único propietario.

La última parte, la más breve, es una apología de la democracia militante, la libre empresa y el Estado como benefactor, llegando allí donde la iniciativa privada no puede llegar.

Lo que me queda

En algunos momentos los adjetivos y las coletillas que el autor utiliza para referirse a los dirigentes de su país, inclusive el Che Guevara (aún más poperizado que Audrey Hepburn) suenan faltones, aunque sin perder la elegancia. Puede disculparse en alguien que por defender unas ideas, más si estas son democráticas, se ve obligado a exiliarse de su país para el resto de su vida.

Sin embargo, el libro es profético en muchos aspectos: el carácter vitalicio y dictatorial del régimen cubano, su falta de democracia y la de todos los países comunistas (China, Corea del Norte, Líbia, o Vietnam no son precisamente paraísos de la libertades), el servilismo de Cuba respecto la URSS (recordemos que Castro no pintó nada en la Crisis de los Misiles del 63), la caída de la la economía cubana, etc...

También erró en algunas previsiones: creía que el pueblo cubano se alzaría contra la nueva dictadura en un periodo breve de tiempo. Fidel Castro lleva 48 años al frente de Cuba y ahora que no está en condiciones, ha dejado el país en manos de su hermano Raúl. Como los señores feudales. Mientras él recibe las visitas de Hugo Chávez, que hace escasos días ventiló la principal televisión disidente del país y la substituyó por otra de su agrado.

También me quedo con la crítica al turista desdocumentado, aquél que inducido por la idea romántica de un mundo sin clases o por un antiamericanismo a ultranza olvida que Cuba vive bajo una dictadura vitalicia con una sola voz, donde si hace falta se encarcela y fusila.

Manuel Urrutia (centro) con Ernesto "Che" Guevara (a su derecha) y Camilo Cienfuegos (a su izquierda)

domingo, 18 de marzo de 2007

No te sigo, Stephen

El camino que me ha llevado a Ulises no es otro que el comentado en la entrada anterior: la pura curiosidad de saber qué tiene este libro para ser considerado uno de los más importantes de la literatura contemporánea. Cuando lo compré no tenía la más mínima idea del argumento, ni del estilo ni de la extensión. No sabía a lo que me enfrentaba y, por otro lado, estaba libre de cualquier prejuicio.

Tras una larga introducción sobre la historia del autor, su obra y su época finalmente llegué al capítulo uno. Para ser sincero tengo que decir que el hostión (con perdón de la expresión) fue brutal. No entendía nada. No sabía por dónde cogerlo. Pero sin darme por vencido fui avanzando poco a poco... y nada. Frases inconexas (incluso mal construidas o inacabadas), saltos de tema repentinos, alusión a referencias que me faltan. Además me quedaban unas 800 páginas por delante. Vamos, un tocho en toda regla. Estuve a nada de abandonar, de aparcar el libro hasta sentirme en condiciones de afrontarlo en un futuro.

Pero aún y así, me repateaba enormemente abandonar y seguí. Poco a poco fui entendiendo que lo que allí estaba escrito era una combinación entre diálogos transcritos, la voz de un narrador externo objetivo y, lo más importante, el pensamiento interno de los personajes tal cual se produce en ese momento. Es decir, lo que se lee en el texto es exactamente lo que piensa el personaje. El tiempo de la experiencia del personaje es el tiempo que tardas en leerlo. Estás en la mente del personaje.

Finalmente llegué al capítulo 3 y pasé de estar en la mente del complejo (y algo atormentado) Stephen Dedalus a estar en la de Leopold Bloom, un tipo bastante más sencillo. Todo empezó a parecerme más asequible y, aunque seguro que volveré a tener momentos de crisis aguda con Ulises, he abandonado la idea de aparcarlo por inasequible. Creo que empiezo a vislumbrar la importancia de esta obra.

Voy a permitirme un ejercicio de palabra interior, a ver qué tal me sale:

Estilo clásico:

Tras repasar la entrada que acababa de escribir en su blog, sintió algo de hambre y pensó en preparar algo de cenar. Descartó cenar espárragos y decidió que se herviría unas patatas con judías para no cometer excesos.

Estilo "joyciano":

Se entiende lo escrito. Quizá ha quedado un poco largo. ¿Cuanta gente deber leer?. Qué hambre. ¿Qué podría hacerme de cena? Espárragos. Parrilla. Queso cabra. No, ayer espárragos romesco y no repetir. Aunque están buenos que no veas. En la nevera ¿algo de carne? Yo sesenta y seis kilos. Me acuerdo del último día que me subí a la báscula. Zapatos y cinturón fuera para pesar menos. Los pies dejan una huella de humedad en la base cuando te bajas de la báscula.
Otra vez sesenta y seis. No debería jugar siempre de portero, así no sudo nunca. Eso no es ejercicio. Pensaba que habría bajado algo. Gordo. Cara roja y grasienta sin afeitar. Mejor verdura hervida. Fácil rápido y puedo hacer otras cosas de mientras.