De todos es sabido que una de las funciones que realizan los medios de comunicación es el establecimiento de la agenda pública. Ese es el motivo por el cual algunos temas aparecen de repente o reaparecen periódicamente. Estos temas a menudo están en boca de la gente hasta que un medio de comunicación lo lleva a las portadas y el resto de medios le siguen como corderitos. En otras ocasiones sucede al revés: el tema interesa a los medios de comunicación y, de tanto insistir, al final acaba en las conversaciones de la gente.
Los ejemplos de este agenda setting, como le llaman los anglosajones, son muchos: la violencia de género (reaparece cíclicamente), el caso Madeleine (en dos semanas ha desaparecido de los medios), la puesta en libertad de violadores, los presos de Guantánamo (que aún los hay), etc...
Sin embargo, estos días asisto a una tercera vía menos común: los medios de comunicación intentando introducir con calzador en la agenda un tema que ni ha interesado a la gente antes de su salto definitivo a los telediarios, ni durante, ni después. Me refiero a la Feria del Libro de Frankfurt.
El despliegue de medios de comunicación catalanes, muy particularmente los públicos, ha sido brutal. Portadas, conexiones en directo, stands, etc...Incluso con polémica: la asistencia/ausencia de autores catalanes que escriben en castellano. Un debate que no ha calado en la sociedad para nada y que a la inmensa mayoría de catalanes le ha importado más bien poco. No hablemos ya fuera de Catalunya o en la propia Alemania...
Está muy bien promocionar la cultura catalana en Alemania, darle proyección internacional y todas esas cosas pero me da a mí que todo esto responde a un etnocentrismo miope más que a un servicio público.
Y en el 2009 volvemos con la Bienal de Venecia. Ya tenemos temita de telediaro para dos semanas. De verdad, que cansinos...
lunes, 15 de octubre de 2007
miércoles, 10 de octubre de 2007
Partida con trampas
Estoy jugando una partida de ajedrez contra mi pareja. Rápidamente tomo una ventaja suficientemente clara como para finiquitar el tema en dos o tres jugadas. Así que empiezo a prestar más atención a lo que dan por la tele que a la partida.
Mi contrincante mueve pieza. Yo hago como que me lo pienso, pero en realidad estoy viendo la tele. Cuando vuelvo a mirar el tablero está apartando la mano. ¿Ha tirado dos veces? Creo que sí, pero no digo nada. Quizá me lo haya imaginado.
Hago mi jugada. Ella hace la suya. De nuevo es mi turno y de nuevo me vuelvo a distraer con la tele. Al girarme, de nuevo aparta la mano precipitadamente. Tiene que estar haciendo tiradas dobles porque ahora ya no tengo ninguna posibilidad de ganar la partida.
Pierdo la partida y la rabia me carcome. Si le digo lo que pienso será mi palabra contra la suya y tendremos pelotera. Al final no lo hago, en el fondo me está bien empleado por no prestar atención.
Mi contrincante mueve pieza. Yo hago como que me lo pienso, pero en realidad estoy viendo la tele. Cuando vuelvo a mirar el tablero está apartando la mano. ¿Ha tirado dos veces? Creo que sí, pero no digo nada. Quizá me lo haya imaginado.
Hago mi jugada. Ella hace la suya. De nuevo es mi turno y de nuevo me vuelvo a distraer con la tele. Al girarme, de nuevo aparta la mano precipitadamente. Tiene que estar haciendo tiradas dobles porque ahora ya no tengo ninguna posibilidad de ganar la partida.
Pierdo la partida y la rabia me carcome. Si le digo lo que pienso será mi palabra contra la suya y tendremos pelotera. Al final no lo hago, en el fondo me está bien empleado por no prestar atención.
lunes, 17 de septiembre de 2007
La señal
Como en la mayoría de museos de Cuba, hay cuatro cositas para ver. El museo Nacional de la Cultura Yoruba en Ciudad de la Habana, el más caro de todos los que visité, consta de una sala con unas 25 esculturas de madera que representan los principales orishas. Además, por la voluntad, una guía te explica brevemente las propiedades de cada uno de ellos, su relación con otros orishas y sus equivalentes con los santos católicos. Puede verse también un altar con los utensilios dispuestos para la celebración de un ritual santero.
La guía, una negra de unos 40 años, con porte elegante y vestida de blanco va explicando, de forma un tanto mecánica, cada orisha. Te mira directamente a los ojos. Al cabo de un rato le pregunto:
- Esto de vestir todo de blanco es por imposición de su religión, ¿no?
- No mi amol, esto es el uniforme del museo.
Esto...vale. Después de las risas nos comenta que lleva 10 años desde que se inició en la religión yoruba y que, efectivamente, se van haciendo una serie de promesas. Durante el primer año, el aspirante a santero debe vestir íntegramente de blanco, inclusive el calzado.
Tras presentarnos a Babalú Ayé nos despedimos cordial y distendidamente. Sin embargo al salir aún siento un pequeño escalofrío. Y es que a los cinco minutos de visita la guía había detenido su explicación del santo de turno:
- Tú no crees mucho en esto, ¿verdad?
- Pues la verdad es que no, aunque me parece interesante y lo respeto.
- Eres, como se dice...
- Un escéptico
- Eso. Pues yo te digo que tú vas a recibir una señal y vas a creer en esto
- ¿Cómo dice?
- Vas a recibir una prueba de que esto es real
- Ah! Pues nada...
Me imagino que debe soltarle esto a todos los turistas que muestran cierto interés por su religión y que estén dispuestos a dejarse sugestionar. En cualquier caso, preferí no hacer burla de la "predicción" y aceptarla cordialmente. De hecho, al cabo de dos semanas tuve un sueño y me acordé de la guía del museo. Quizá se trate de "la señal" aunque me temo que el inconsciente soltó un poco de Cuba esa noche. No me veo todo un año de blanco...
La guía, una negra de unos 40 años, con porte elegante y vestida de blanco va explicando, de forma un tanto mecánica, cada orisha. Te mira directamente a los ojos. Al cabo de un rato le pregunto:
- Esto de vestir todo de blanco es por imposición de su religión, ¿no?
- No mi amol, esto es el uniforme del museo.
Esto...vale. Después de las risas nos comenta que lleva 10 años desde que se inició en la religión yoruba y que, efectivamente, se van haciendo una serie de promesas. Durante el primer año, el aspirante a santero debe vestir íntegramente de blanco, inclusive el calzado.
Tras presentarnos a Babalú Ayé nos despedimos cordial y distendidamente. Sin embargo al salir aún siento un pequeño escalofrío. Y es que a los cinco minutos de visita la guía había detenido su explicación del santo de turno:
- Tú no crees mucho en esto, ¿verdad?
- Pues la verdad es que no, aunque me parece interesante y lo respeto.
- Eres, como se dice...
- Un escéptico
- Eso. Pues yo te digo que tú vas a recibir una señal y vas a creer en esto
- ¿Cómo dice?
- Vas a recibir una prueba de que esto es real
- Ah! Pues nada...
Me imagino que debe soltarle esto a todos los turistas que muestran cierto interés por su religión y que estén dispuestos a dejarse sugestionar. En cualquier caso, preferí no hacer burla de la "predicción" y aceptarla cordialmente. De hecho, al cabo de dos semanas tuve un sueño y me acordé de la guía del museo. Quizá se trate de "la señal" aunque me temo que el inconsciente soltó un poco de Cuba esa noche. No me veo todo un año de blanco...
lunes, 3 de septiembre de 2007
Pesadillas recurrentes del pasado
Hace unos días, charlando con mi pareja y una amiga, surgió el tema de los sueños. Entre copas de vino y un puro criollo (tipo de puros que fuman los campesinos cubanos, hechos de hojas de tabaco sin añejar ni aromatizar y liados a mano) empezamos a explicarnos sueños y a aventurarnos en posibles interpretaciones. Cuando repasamos las pesadillas me llamó la atención la coincidencia entre personas. ¿Cómo es posible que personas que en aquel momento no tenían nada que ver, que ni siquiera se conocían, puedan tener pesadillas prácticamente calcadas? Eso me hizo pensar en la naturaleza del miedo, en qué hay de animal dentro de nuestra mente que nos hace a todos semejantes y en las teorías de Jung. En fin, eso es otro tema de discusión, tan sólo quería dejar constancia de un par de mis pesadillas recurrentes de la infancia.
Maremoto
Estoy nadando en la playa, a unos 20 metros de la orilla. El mar está levemente picado y las olas me mecen en un movimiento de arriba a abajo. Cuando estoy arriba siento un poco de vértigo y cuando estoy abajo me veo rodeado de agua. Siento una sensación de riesgo que, en el fondo, no es del todo desagradable.
Sin embargo, en uno de los momentos en los que estoy arriba, veo como se empieza a formar una ola descomunal en el horizonte. Cuando bajo el ángulo de visión me impide verla pero cada vez que subo veo que la ola es más cercana y más alta. Esa ola debe tener unos 300 metros de altura tranquilamente.
En este punto el sueño tenía distintos finales. En ocasiones intentaba avanzar hacia la ola con la intención de esquivarla buceando por debajo de ella. En otras nadaba frenéticamente hacia la orilla (siempre con la sensación de que los brazos no respondían) con la ingenua esperanza de huir a un lugar alto. En otros me situaba en lo alto de la ola y veía el paisaje desde las alturas, pensando en el castañazo que me esperaba cuando la ola rompiera.
Sin dientes
Noto un ligero movimiento en uno de los dientes. No le presto demasiada atención hasta que noto que he tragado algo duro. Me falta un diente. Y se me empiezan a mover el resto.
Maremoto
Estoy nadando en la playa, a unos 20 metros de la orilla. El mar está levemente picado y las olas me mecen en un movimiento de arriba a abajo. Cuando estoy arriba siento un poco de vértigo y cuando estoy abajo me veo rodeado de agua. Siento una sensación de riesgo que, en el fondo, no es del todo desagradable.
Sin embargo, en uno de los momentos en los que estoy arriba, veo como se empieza a formar una ola descomunal en el horizonte. Cuando bajo el ángulo de visión me impide verla pero cada vez que subo veo que la ola es más cercana y más alta. Esa ola debe tener unos 300 metros de altura tranquilamente.
En este punto el sueño tenía distintos finales. En ocasiones intentaba avanzar hacia la ola con la intención de esquivarla buceando por debajo de ella. En otras nadaba frenéticamente hacia la orilla (siempre con la sensación de que los brazos no respondían) con la ingenua esperanza de huir a un lugar alto. En otros me situaba en lo alto de la ola y veía el paisaje desde las alturas, pensando en el castañazo que me esperaba cuando la ola rompiera.
Sin dientes
Noto un ligero movimiento en uno de los dientes. No le presto demasiada atención hasta que noto que he tragado algo duro. Me falta un diente. Y se me empiezan a mover el resto.
domingo, 22 de julio de 2007
Izar el ancla
En unas pocas horas empieza el periplo aeroportuario que ha de llevarnos a Santiago de Cuba. Ahora es cuando empiezo a notar el hormigueo, fruto de la ansiedad, que me producen este tipo de viajes largos. Ya casi no me acordaba. Pero siempre es lo mismo: durante las semanas previas unas ganas locas de que empiece el viaje, pero a pocas horas de que llegue ese momento es cuando le ves los tres pies al gato. ¿Y si sucede esto? ¿Y si sucede lo otro? Como si fuera un astronauta en la rampa de lanzamiento.
Últimamente he estado tan liado con otros temas que el viaje se me ha echado encima y hasta hace escasos minutos no he cerrado la maleta. ¿Me habré dejado algo? En fin, lo fundamental está: pasaporte, visado, dinero y ropa. Que sea lo que Dios quiera y si falta algo ya nos espabilaremos de algún modo.
Suele pasar que la imagen que uno tiene de los países que visita no coincide con lo que luego uno se encuentra, y más en países con imágenes tan cargadas de tópicos como Cuba. Así que procuro hacerme un reset mental para borrar estereotipos, tópicos, prejuicios e imágenes extraídas de anuncios de ron y mayoristas de viajes. Lo mismo tomo incluso algunas notas durante el viaje. Ya veremos.
Le tengo ganas a Cuba. Creo que este viaje me va a gustar...
Últimamente he estado tan liado con otros temas que el viaje se me ha echado encima y hasta hace escasos minutos no he cerrado la maleta. ¿Me habré dejado algo? En fin, lo fundamental está: pasaporte, visado, dinero y ropa. Que sea lo que Dios quiera y si falta algo ya nos espabilaremos de algún modo.
Suele pasar que la imagen que uno tiene de los países que visita no coincide con lo que luego uno se encuentra, y más en países con imágenes tan cargadas de tópicos como Cuba. Así que procuro hacerme un reset mental para borrar estereotipos, tópicos, prejuicios e imágenes extraídas de anuncios de ron y mayoristas de viajes. Lo mismo tomo incluso algunas notas durante el viaje. Ya veremos.
Le tengo ganas a Cuba. Creo que este viaje me va a gustar...
lunes, 9 de julio de 2007
Bajo las ruedas del tren de cercanías
Parte 1
"En principio todo parece que va ser coser y cantar. Entramos, nos llevamos la pasta y nos largamos a otro país. El tema de las armas es sólo para amenazar. Seguro que los vigilantes, con sus mujeres e hijos esperándoles en casa al acabar sus turnos, no van a arriesgarse ante dos tipos armados hasta los dientes. Pero algo falla y uno de ellos dispara al compañero. Son más de los que nos pensábamos. Nosotros respondemos y, al poco, aquello es una auténtica chicharrina: tres o cuatro de ellos muertos, mi compañero herido y los dos detenidos. Nos sentencian a muerte en el juicio. El método de ejecución es curioso: estirados en el suelo justo encima de la vía del tren de cercanías (curioso detalle éste último). Es el método más bajo de ejecución, reservado sólo para los delincuentes de más baja estopa."
Parte 2
"Mis dos colegas han sido condenados a morir bajo las ruedas de un tren de cercanías. Me siento un poco culpable porque yo debería haber estado con ellos e incluso llegué a participar en los preparativos del robo, aunque a última hora me eché atrás. Así que me llevo a mi chica, experta en psiquiatría, para que alegue ante el juez que todo se debió a algún tipo de enajenación mental.
Llevamos pruebas médicas de todo tipo, incluso un estudio publicado recientemente en el que se demuestra que una mezcla concreta de diversas variedades de café produce alteraciones en el comportamiento. Curiosamente el juez, en lugar de reírse de ésto último, parece enterado del estudio. De todos modos finalmente desestima el recurso.
Sólo nos queda el plan B: preparar una fuga y hacerlos cruzar la frontera".
Este es de hace unos cuantos días. Lo curioso es que me desperté y, al volverme a dormir, retomé el sueño asumiendo un rol diferente. Por eso tiene dos partes.
"En principio todo parece que va ser coser y cantar. Entramos, nos llevamos la pasta y nos largamos a otro país. El tema de las armas es sólo para amenazar. Seguro que los vigilantes, con sus mujeres e hijos esperándoles en casa al acabar sus turnos, no van a arriesgarse ante dos tipos armados hasta los dientes. Pero algo falla y uno de ellos dispara al compañero. Son más de los que nos pensábamos. Nosotros respondemos y, al poco, aquello es una auténtica chicharrina: tres o cuatro de ellos muertos, mi compañero herido y los dos detenidos. Nos sentencian a muerte en el juicio. El método de ejecución es curioso: estirados en el suelo justo encima de la vía del tren de cercanías (curioso detalle éste último). Es el método más bajo de ejecución, reservado sólo para los delincuentes de más baja estopa."
Parte 2
"Mis dos colegas han sido condenados a morir bajo las ruedas de un tren de cercanías. Me siento un poco culpable porque yo debería haber estado con ellos e incluso llegué a participar en los preparativos del robo, aunque a última hora me eché atrás. Así que me llevo a mi chica, experta en psiquiatría, para que alegue ante el juez que todo se debió a algún tipo de enajenación mental.
Llevamos pruebas médicas de todo tipo, incluso un estudio publicado recientemente en el que se demuestra que una mezcla concreta de diversas variedades de café produce alteraciones en el comportamiento. Curiosamente el juez, en lugar de reírse de ésto último, parece enterado del estudio. De todos modos finalmente desestima el recurso.
Sólo nos queda el plan B: preparar una fuga y hacerlos cruzar la frontera".
Este es de hace unos cuantos días. Lo curioso es que me desperté y, al volverme a dormir, retomé el sueño asumiendo un rol diferente. Por eso tiene dos partes.
sábado, 7 de julio de 2007
Piratería de software: ¿para qué?
Suele decir una máxima de los informáticos: "si funciona, no lo toques". Pero a veces replantearse ciertos hábitos de consumo de vez en cuando nos trae gratas sorpresas.
Hoy he instalado Ubuntu en el portátil de casa. Recuerdo que hace algunos años quise instalar Linux en el ordenador de entonces pero el proceso de instalación era tan complejo que finalmente me vi reformateándolo el disco duro. Pero el tiempo pasa, las cosas mejoran y ahora el mismo proceso es tan sencillo que no hace falta prácticamente ningún conocimiento técnico. Además viene con todo lo que un usuario "normal" pueda necesitar: navegador, mensajería instantánea, reproductores de audio y vídeo, e-mail...Sin problemas y con la tranquilidad de saber que detrás hay miles de usuarios mejorando el software.
En definitiva: Bueno, bonito (los temas y el diseño predefinidos ya están chulos pero los puedes personalizar todo lo que quieras) y barato. Tan barato como que es gratis. Para un usuario doméstico ya no hay excusas, la piratería es hoy en día una opción evitable. ¿Por qué robar software si hay otro software que hace exactamente lo mismo (incluso mejor) y gratis?
Un nuevo linuxero navegando con Firefox bajo Ubuntu. Y lo que te rondaré morena...
Hoy he instalado Ubuntu en el portátil de casa. Recuerdo que hace algunos años quise instalar Linux en el ordenador de entonces pero el proceso de instalación era tan complejo que finalmente me vi reformateándolo el disco duro. Pero el tiempo pasa, las cosas mejoran y ahora el mismo proceso es tan sencillo que no hace falta prácticamente ningún conocimiento técnico. Además viene con todo lo que un usuario "normal" pueda necesitar: navegador, mensajería instantánea, reproductores de audio y vídeo, e-mail...Sin problemas y con la tranquilidad de saber que detrás hay miles de usuarios mejorando el software.
En definitiva: Bueno, bonito (los temas y el diseño predefinidos ya están chulos pero los puedes personalizar todo lo que quieras) y barato. Tan barato como que es gratis. Para un usuario doméstico ya no hay excusas, la piratería es hoy en día una opción evitable. ¿Por qué robar software si hay otro software que hace exactamente lo mismo (incluso mejor) y gratis?
Un nuevo linuxero navegando con Firefox bajo Ubuntu. Y lo que te rondaré morena...
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